PLANTACIÓN Y CUIDADOS

Antes de entrar en detalle, es imprescindible entender qué son los bulbos.

Como su nombre indica, son aquellas que tienen un bulbo o rizoma que les permite almacenar sustancias nutrientes de reserva. Según la variedad, suelen perder durante el invierno la parte aérea. O, lo que es lo mismo, las hojas y las flores. Pero no nos confundamos: esto no significa que hayan muerto. En realidad, los bulbos están esperando bajo tierra para rebrotar cuando llegue su momento.

Los bulbos acumulan en la parte subterránea las sustancias nutritivas de reserva para poder florecer cada año. Son plantas bulbosas aquellas que se cultivan a partir de cualquiera de los siguientes órganos:


A partir de bulbos: como el tulipán, el jacinto, narciso , allium, amaryllis, lilium.
 A partir de raíces tuberosas: como la dalia o los ranúnculos
A través de cormos: como gladiolos, ixuas, sparaxis, fresias.

A partir de Tubérculos que son tallos modificados: calas, anémonas, gloriosa.
– A partir de rizomas: peonia 

 

ALGUNOS CONSEJOS PARA EL CULTIVO DE BULBOS

Cultivar bulbos es sencillo, sí. Pero, aún así, hay determinadas pautas que es importante conocer para hacerlo con éxito. Unas que no solo nos permitirán disfrutar de su floración. También facilitarán que, año tras año, podremos gozar de su compañía en el jardín.

1. Cómo regar los bulbos

El riego debe hacerse de distintas maneras según la época del año. En invierno, hay que evitar el exceso de agua. Algo que cambia radicalmente en los meses en verano, un época en la que demandan una mayor pauta de riego. Sin embargo, hay que huir de encharcarlos ya que esto puede provocar que los bulbos se pudran. Por esta razón, bastará con mantener el sustrato húmedo sin excesos. También tendremos que incrementar la pauta de riego durante la floración. Un momento vegetal en el que la planta tiene una mayor demanda de hidratación para compensar el gasto que supone la generación de la flor.

Por último, es fundamental seguir regando una vez las flores se hayan marchitado y hasta que las hojas se sequen. Así estaremos ayudando a nuestros bulbos a continuar acumulando reservas de agua para la temporada siguiente.

2. El abonado de los bulbos, una tarea menor

Esta tarea no es imprescindible, pero es conveniente abonarlos con un sustrato rico en nutrientes para favorecer la floración y que el bulbo se fortalezca.

Es aconsejable aportar abono orgánico varias semanas antes de la plantación, y una vez iniciado el crecimiento de la planta se pueden emplear fertilizantes químicos.

3. Conocer las distintas épocas de plantado y floración

Una de las numerosas ventajas de cultivar estas plantas es que podemos disfrutar de su atractivo y vistosidad durante todas las estaciones del año. Combinando bulbos con distintas épocas de floración podremos disfrutar de su compañía prácticamente durante los doce meses.

Para ello, lo ideal es combinar en nuestro jardín, terraza o balcón espacios de plantación con especies de otoño y primavera. ¡Y ahí está lo difícil! Porque la variedad es tal que resulta complicado decantarse solo por unos pocos. 

4. Plantación de los bulbos

Para plantarlos es necesario realizar un agujero en el suelo con una profundidad determinada según cada especie. Esto viene marcado, en gran medida, por el tamaño del propio bulbo y debemos respetarlo. Si un bulbo tiene más del doble de su tamaño de tierra sobre él, tendrá más problemas a la hora de florecer.

Además, antes de plantar es fundamental preparar el terreno. Para ello, tendremos que airear los primeros 20-25 cm del terreno, incluyendo además una pequeña cantidad de abono orgánico.

5. Tratamientos fitosanitarios para bulbos.

Las plantas bulbosas no suelen sufrir el ataque de plagas ni enfermedades y, si sucede, no son relevantes. Suelen ser babosas o caracoles las principales amenazas. Unas plagas sencillas de controlar con el uso de productos específicos.

6. Conservación de bulbos.

Después de la floración hay que dejar que se sequen completamente las hojas sin detener el riego hasta ese momento. Como decíamos, estaremos ayudando a que los órganos subterráneos acumulen reservas. Algunos bulbos, los vivaces, pueden dejarse en el suelo varios años y seguirán produciendo flores cada temporada. Hablamos, por ejemplo, de los muscaris y los narcisos aunque hay muchos más.

Sin embargo, la mayoría de los bulbos no admiten eso de estar bajo tierra sin pagar las consecuencias del invierno. Por eso, hay que extraerlos, limpiarlos y almacenarlos en un lugar fresco y oscuro hasta la nueva época de plantación.